IT

it-787119144-large

Según algunos, existen dos formas de ver las cosas. Están aquellos que admiran la flor en el muro y ven “florecer la nazuna en la cerca” (BASHO) y aquellos que la arrancan: “…te corté de las grietas. Te tomo, con raíces y todo, en la mano” (TENNYSON).

Andy Muschietti la arranca y la toma en su mano y, por más que siendo occidental sería lo que uno supondría que haría, existía cierta esperanza de que podía llegar a sentarse admirar la obra de 1990 y traer algo “aggiornado” pero en la misma tónica del pasado.

Aquellos que leyeron la novela hablan de una fidelidad destacada, una justeza agradable en su adaptación. Pero el problema con la antigua “IT” (en realidad una miniserie en dos capítulos que veíamos continuos en la edición en VHS) es la huella psicológica que dejó en casi toda persona que haya sido un infante a comienzos de la década del noventa. Imágenes imborrables de nuestras mentes son las que se mantuvieron durante 27 años y las que chocan constantemente cuando observamos esta remake que aparenta tener buenas intenciones pero se queda acelerando en primera.

Movie-Cast-2017

Las comparaciones son odiosas, por ende, resulta complicado entender el por que de esta obra, mas allá de la oportunidad de mantener la máquina de hacer chorizos funcionando… y facturando.

El punto fuerte de este film es la óptica “coming of age” que eligieron para desarrollarlo, en una especie de Stranger Things de larga duración (su protagonista Finn Wolfhard actúa en el film y es imposible despegarlo de aquella serie, más aún, cuando esta película, también, sucede en la década del ochenta) logra destacar aquellos momentos donde reina la amistad y la dulzura de la devoción infantil.

pelicula-it-2017-3

Por fuera de aquello, “IT” recae una y otra vez en el abuso de la repetición de los recursos del genero que ya producen fastidio, como lo es el sonido repentino e impactante, la aparición imprevista de personajes, los claros oscuros y el uso de CGI que siempre resulta tan artificial y abnegado.

Las repetitivas apariciones de Pennywise le quitan el suspenso y encanto al personaje y lo alejan muchísimo de aquel interpretado por Tim Curry (al cual esta versión 2017 no le mueve ni un pelo), volviéndolo un personaje slasher y alejándolo, aún más, de aquel que taladró nuestra psiquis en la niñez.

La utilización de tanto humor y chiste fácil como descompresor, luego de los pocos instantes que generan cierto nerviosismo, funciona para llenar la sala y para que el público ría al unísono, pero la vuelve completamente predecible e ineficaz a la hora de transmitir la perversidad que la obra del noventa generaba.

 En un año donde varias películas han sido innecesarias, “IT” no es la excepción a la regla. Algunas cosas es mejor dejarlas donde estaban. No hace falta manosear el arcón de los recuerdos. Con que se mantengan resguardados allí alcanza.

JULIÁN NASSIF

 

Advertisements

TEMPORADA DE CAZA

Al inicio lo primero que se viene a la mente es “ufff, otra película de un cheto de la FUC. Esa sensación permanece durante parte del film, para luego irnos ganando de a poco hasta meternos en una historia donde cierta sensibilidad sobre los vínculos se denuncia.

Algunos se preguntan: ¿Para que los rugbiers? ¿Para que el colegio privado y las chicas jugando al hockey? ¿Por que el protagonista es un pibito porteño “bien”? (por más que el colegio sea de Lomas de Zamora y nunca sea explicita la referencia a la Capital Federal). ¿Por que se eligió San Martín de Los Andes en vez de otros pueblos del sur con poblaciones de menor poder adquisitivo y lo mismos paisajes? Quizás es porque sí. Porque sí a todo. Y quizás eso es una de las cosas buenas y malas del film.

El marco de los paisajes espectaculares de San Martín de los Andes y otros sectores de la Patagonia norte y la región de los lagos es una elección que al ojo va a complacer. El clima hostil de aquella zona también funcionará como a un ambiente difícil de adaptarse, que le viene como anillo al dedo al recorrido dramático del personaje principal y de la historia.

Los clichés y los estereotipos que la obra plantea están bien definidos y precisamente caracterizados. Representando de forma fiel a los sectores acomodados de la Provincia de Buenos Aires como así también al “clase media” del sur que vive en la montaña con calefacción a leña, cinco hijos y una bella y rubia esposa. Dentro de todas estas particularidades, la realizadora Natalia Garagiola parece tener conocimiento de los mundos que retrata aunque tan estereotipados se aparentan.

El camino de reencuentro de un hijo, quien acaba de perder a su madre, con su padre, quien hace largo tiempo no aparece y se refugia junto a su nueva familia en el sur, se ve plasmado de manera afilada, observante, paciente y pujante en una película que combina la belleza natural, lo tangible, lo físico y lo animal, con el ajustado ojo de Fernando Lockett, (quien ya ha demostrado grandes valores al fotografiar espacios naturales), aportando a esta historia una fotografía excepcional y sumamente expresiva.

“Temporada de caza” te va comprando de a poco. Te hace entrar con una degustación y te sienta a la mesa para seguir bebiendo toda la noche. Así como acerca tantos bellos recuerdos de aquellas tierras descomunales.

JULIÁN NASSIF 

 

ESPACIO FESTIVAL DE CINE ALEMÁN 17 – “WILLKOMMEN BEI DEN HARTMANNS” (Bienvenido a la casa de los Hartmann) –

hartmanns

Desde dos vértices muy distantes se puede apreciar, o menospreciar, esta película dirigida por Simon Verhoeven que se presentó como uno de los films mas importantes partícipes de esta edición de tan preciado festival.

Por un lado, podríamos asegurar que Verhoeven reúne lo más banal de los realizadores autóctonos Winograd y Taratuto, cayendo en una superficialidad total al momento de tratar un tema tan delicado como lo es el de los refugiados en Alemania (y en toda Europa), que incluye un abanico de estereotipos saltando, constantemente, entre el chiste fácil (que a veces logra hacernos sonreír) y lo insoportable.

333111

Pero por otro, mientras que el cerebro busca de forma desesperada razones para comprender esta obra, empezamos a sospechar si no estamos frente a un humor tan negro y particular donde todo aquella tipicidad funciona en servicio de la narrativa de manera adrede, y recalca en lo mas perverso, rescatando el lado sarcástico de cada uno para impregnarlo en una especie de “Scary Movie” de la realidad inmigrante actual europea.

44082

De cualquier modo, uno podría hablar de cierta irresponsabilidad en su realización que, dentro de un oficio técnico impecable, abona a una historia demasiado superficial como para ser tomada en serio. De la cual uno espera que sea algún guiño alemán desconocido para un argentino, parte de algún humor alemán “for export”, buscando demostrar que aquellos son iguales al resto y no tan fríos y distantes como suelen ser retratados.

WBDH

El cine europeo sigue demostrando en los últimos tiempos que, después de haber invadido, colonizado y haberse exiliado en todas partes del mundo, el temita este de que personas del tercer mundo se les vengan encima los tiene bastante preocupados.

JULIÁN NASSIF 

 

 

 

 

HEDI (La Amante)

La Primavera Árabe parecería ser la continencia económico social que abraza al nuevo film de Mohamed Ben Attia, aunque, a lo largo del mismo, todo aquello que podría haber sido de una gran aporte narrativo, dramático y cultural se vea sumamente diluido y devenga en una historia ahogada de la “tipicidad” del melodrama clásico.

Y es que, justamente, lo que veremos en el film no será más que la historia que uno imagina cuando lee un título de tales características. Inmersa, mayormente, en la ciudad de Mahdia, recorre unos pocos días de la vida de Hedi, interpretado por Majd Mastoura, un joven trabajador de la industria automotriz que lucha su paga en el duro camino de la venta de automóviles en un país (sino es una cuestión mundial) de sobre stock y baja demanda, a pocos días de casarse con su joven y bella novia. Enviado por su jefe aquella ciudad, Hedi descubrirá en su soledad a una simpática, libre y bella Rym, interpretada por Rym Ben Messaoud, quien pasa a ser integrante del típico triangulo amoroso que el título del film denuncia.

En el camino de la historia, la obra aportará elementos muy vinculados a la cultura autóctona de Túnez, que se verán contrastados, de manera sutil, con aquellas “libertades” de las personas que trabajan viajando, recorriendo el mundo y aquellos “micro climas” que suelen desarrollarse en los complejos turísticos hoteleros.

Aquellos condimentos podrían haber sazonado un plato con cierta mirada socio-política afilada y profunda, aunque terminará deviniendo en un servicio soso, aparente “for export”, redundante, en una historia demasiado convencional para llegar a tocar algún nervio.

Sumado a una puesta que hoy en día ya resulta repetida, aquella cámara en mano que persigue a los personajes, fragmentando y movilizando todo sobre un ritmo dilatado, la obra parecería más acentuar una realización perezosa, virus que a muchos realizadores parecen haber contraído con la llegada del soporte digital de alta calidad, llevando lo que muchas veces es una elección estética a recaer en apatía.

Una gran oportunidad de plasmar la disyuntiva entre formas y estilos de vida a través de estas “dos mujeres”, la impuesta y la anhelada, que se paraliza, así como su argumento, en algo insulso y desganado.

JULIÁN NASSIF

 

THE DARK TOWER (La torre oscura)

Guiones, directores, estudios y productoras pasaron a lo largo de más de una década para que, finalmente, una de las obras más grandes y queridas de Stephen King, sea adaptada y llevada a la pantalla grande de una forma tan paupérrima, desastrosa y lamentable.

J.J. Abrams y Ron Howard pasaron por esta picadora de carne hasta que Nikolaj Arcel llegó para convertir una de las adaptaciones literarias más esperadas de la ciencia ficción en una demostración absoluta de la repetición de recursos limitados ajenos y de una pobre pericia en el desarrollo, tanto dramático como técnico, en una película que dan ganas de gritar lo horripilante que significa cada minuto de su pietaje.

Inclusive, logra que Matthew McCounaughey parezca un perdido actor de cuarta que no puede interpretar a esta especie de Neo malvado mezclado con David Copperfield, en una obra que tiene hasta la mezcla sonora errada.

Repleta de estereotipos estúpidos y adaptada para que cierre en el mundo “Disney” adolescente, un film que tenía planeada dos entregas más y una serie televisiva para poder contar el contenido de tan extensos libros, redunda en una seguidilla de imágenes donde uno esta pidiendo por favor que culmine.

Nada, pero absolutamente nada es rescatable en este film repleto de errores, dentro de una deplorable puesta que pareciera ser realizada por algún curso de medios de alguna escuela secundaria llevada a cabo por estudiantes apáticos con resaca post viaje de egresados.

Walter (Matthew McConaughey) in Columbia Pictures’ THE DARK TOWER.

Habiendo leído o no la novela de King, la sensación es la misma: ni todos sus millones de dólares deben poder apagar el incendio interior  que la úlcera que es este film le debe haber generado. 

JULIÁN NASSIF

 

LA CORDILLERA

LACORDILLERA_POSTER

Una vez más comenzamos el film siguiendo a personajes que se desplazan a través de una especie de laberintos que parecieran remitir a los recovecos de las actividades políticas que la película denunciará de forma un tanto inocente, bordeando entre la ignorancia y la irresponsabilidad, como nos tiene acostumbrados en el resto de su films como único director, Santiago Mitre.

En sus obras anteriores, “El Estudiante” y “La Patota” (Remake), Mitre ahonda temas políticos y sociales filosos en momentos sensibles de la sociedad argentina. Uno podría pensar en el talento que significa tener tal ojo para poder tratar temáticas contemporáneas de formas casi “premonitorias”, pero lo que a veces hace ruido es la liviana, superficial y estereotipada forma en la que son contados tales relatos.

BJXuU5qhXe_930x525

Desde una mirada siempre ajena y distante, Mitre y Llinas, quien suele escribir junto al director todas sus obras, retratan un momento, presidente y alianza “hipotética” pero previsible, para relatar, una vez más, al manejo y naturaleza del poder.

Con sub tramas que entorpecen de a momentos el avance del film, la duda es constante sobre cual es la historia que nos están contando, por más que aquellas líneas se reúnan en el punto de la construcción del personaje principal, interpretado por Ricardo Darín, para poder utilizar como excusa todo aquella parafarnalia de la cumbre de presidentes latinoamericanos.

184367

“La Cordillera” retrata de forma impecable a nivel técnico este relato que serpentea entre la rosca política de Fincher con la ciencia ficción a lo Stephen King, donde las vicisitudes políticas están tan bien graficadas en las repetidas tomas cenitales de las curvas rutas que rodean la Cordillera de Los Andes, junto a solidas actuaciones, con un Darín que compone al, quizás, mejor personaje de su carrera.

Apoyándose en lo que significa tener la banca de la Warner Brothers, Mitre aprovecha recursos y define una realización formalmente impecable, con un diseño sonoro minimalista y opaco, una composición musical que remite a Hitchcock, cierta puesta de cámara que recuerda, insistentemente, a “Force Majeur” y el lujo de tener a Christian Slater negociando en inglés y español con Darín.

185305

Así como su temática deambula entre lo sociología y la ciencia ficción indefinidamente, el guión desdibuja trayectos que, de a momentos, quedan demasiado libres a la interpretación y escalan en el intelecto del espectador.

Lo que la obra imprime de  manera precisa, pero también llamativa, como puede ser la fotografía puramente “naturalista”, no por ello menos expresiva, encuentra alguna fuga en un argumento que no termina de decidirse.

Indudablemente, “La Cordillera” genera polémica y debate, por lo que, para lo que son estos tiempos, define al film como una obra que debe visualizarse y de la cual vale la pena discutir.

Expectantes esperamos cuales serán los caminos a seguir de estos dos escritores y de la autoría de Mitre como realizador que siempre sabe encontrar el nervio y generar el reflejo.

Julián Nassif

 

 

DUNKIRK

Un regalo para el cinéfilo.

Christopher Nolan despliega su encanto cinematográfico en una obra que se acerca al mejor falso documental que jamás haya existido. Y me refiero así a este film porque por más que haya grandísimos actores interpretando a variados personajes, en ningún momento se intenta ejercer un desarrollo de los mismos ni ningún tipo de identificación o provocación de simpatía para con el espectador.

La película descubre un pequeño lapso de la Segunda Guerra Mundial que fue clave en el desarrollo de la misma y que podría haber cambiado la historia del mundo actual que conocemos si se hubiera dado de otra forma.

Son 106 minutos de pietaje (más que nunca el término es el correcto ya que es uno de los pocos que insiste con la belleza y gloria de realizar sus películas en fílmico) que abarcan una tensión imperturbable, repleta de tomas aéreas nunca antes vistas, desarrolladas con una calidad y sensibilidad técnica inigualable que logra explotar los colores y las profundidades de campo de un soporte abandonado con una expresividad arrolladora.

Los detractores de este film se basan en la falta de identificación de los personajes y de un desarrollo dramático pobre entre las interacciones interpersonales, dejando de lado que la obra no pretende llevar acabo aquello pretendido, sino que busca una variante al cine bélico. No cae en ningún lugar común de los que suelen sucederse y repetirse en este tipo de cine porque parece afrontar el relato con una visión documentalista.

Porque todas esas imágenes espectaculares que Nolan nos regala conjugan en un racconto donde la tensión dramática sucede por los hechos en sí y no por como repercuten aquellos según la naturaleza de los personajes.

En una estructura de torta donde cada porción representaría un fragmento temporal y un punto de vista particular que se unen para formar el todo logrando que el espectador ate cada punto de los lapsos y los conjugue en una historia con principio, nudo y desenlace, Nolan vuelve hacer pie y afirmar su talento no solo a nivel visual, sino que también, a igual escala, el sonoro, aportando un diseño que apoya la tensión de este “pseudo thriller” con elementos tan simples como el sonido de un reloj que nos acosa durante casi todo el film, mezclado con explosiones puntuales y tiros de una calidad y expresividad sonora que nos hacen explotar la cabeza.

Para coronar lo ya comentado, tenemos a Hans Zimmer, que una vez más glorifica una película con su música espectacular reducida a una composición más “pequeña” que en otros casos pero proporcionalmente inversa en su sensibilidad y expresión.

En una película que seguramente dividirá aguas, como así siempre sucede con este director, Nolan parece dirigirse aquellos que sentimos que cada minuto en una butaca es el mejor de nuestras vidas y donde elegimos estar por sobre todo el resto de los lugares. Que apreciamos esas cosas por las cuales el autor tanto lucha y por las que se diferencia, que nos llenan de emoción y hacen rendirnos frente a sus obras, recordando que el cine aún existe y que lo análogo siempre va a superar a lo digital, porque es tangible, porque toma temperatura, porque envejece.

La destrucción también puede ser bella y la desgracia saber dulce. La frialdad de los que algunos hablan cuando se refieren al autor evidentemente no sienten la calidez de sus imágenes. No hacen falta grandes personajes cuando se logra tal relato.

No cambies nunca Christopher.

JULIÁN NASSIF

 

IT COMES AT NIGHT (Viene de noche)

Así como la moda se recicla y cada veinte años lo vintage pasa a ser el último grito en las pasarelas, el cine tiene un comportamiento similar en algunas temáticas. Quizás no cada veinte años, pero es claro que estos mundos post apocalipsis con enfermedades que atentan con toda forma de vida y amenazas constantes desde el exterior natural se presentan y vuelven a repetir a lo largo de las décadas.

Lo llamativo es que en las propuestas contemporáneas los pocos sobrevivientes que se plantean se resguarden en grandes espacios naturales, rodeados de profunda y densa vegetación, de tierras fértiles y preciosas. Uno pensaría que si estamos en un mundo donde todo se ha derruido, en un planeta donde los recursos naturales escasean cada vez más y la sobre población humana se ha encargado de eliminar los rasgos biológicos del planeta, lo que menos habría serían grandes espacios verdes repletos de aire puro y vida silvestre. Por lo que llama la atención que se repita en el cine actual este tipo de escenarios ya que generan cierta contradicción.

Dejando eso de lado, Trey Edward Shults logra un thriller psicológico que se apoya, principalmente, en una fotografía y una puesta de cámara impecables a nivel técnico que, con elementos muy pequeños y concretos, tales como los claro oscuros desde la iluminación y una cámara fragmentaria e inquieta, apoyan la sensación de opresión y claustrofobia que ofrece la cabaña donde sucede casi todo el film, reforzando el elemento clave de este género como es la amenaza constante del factor externo y la intromisión dentro de la seguridad del entorno.

Con actuaciones correctas de Joel Edgerton y Christopher Abbott, y un destacado Kelvin Harrison Jr., la película avanza con personajes que no están demasiado desarrollados y solo responden a los estímulos que se van sucediendo, aunque conjugando un relato que es potente, conciso y redondo, aportando cuotas de suspenso e intriga.

En este caso, la película impacta y cierra una idea bien desarrollada que elude al género de terror para concentrarse en el suspenso y la tensión de un thriller psicológico y onírico que desplaza por su calidad a varias obras similares contemporáneas.

JULIÁN NASSIF

 

SOLO SE VIVE UNA VEZ

solo_se_vive_una_vez-660887941-large

“Que es lo mejor que podés ver cuando vas al cine? Acción, adrenalina, explosiones” le decía Leonardo Sbaraglia al personaje de Gastón Pauls en “Días de Vinilo” frente a la convocatoria para desarrollar un personaje en una película “bien dramática”. Rusos, terroristas, narcotraficantes y explosiones nucleares era lo que Leonardo Sbaraglia alegaba para un buen film.

Aquello parece haber escuchado Federico Cueva quien demuestra un talento pocas veces visto (si es que alguna vez se vio en el país) al realizar “Solo se vive una vez”. Seguramente, muchos de los grande sabios de la cinematografía mundial y los conocedores del “buen cine” y el mal llamado “Cine arte” despotricarán por este film y el éxito que tiene (o que debería tener), pero la realidad es que a lo que apunta lo supera con creces.

66352_66352pobtadaeditada

Con un elenco que danza entre lo bizarro y el cine “teen”, mezclando a Peter Lanzani, Pablo Rago, Darío Lopilato, Brandoni, Santiago Segura y hasta Gerard Depardieu(!), “Solo se vive una vez” logra un thriller de una calidad en su realización prácticamente incomparable a nivel latinoamericano. Con cantidad de autos que explotan (sí, estos explotan de en serio, no como en los tanques hollywoodenses que ya todo esta hecho en animaciones de dudosa calidad), persecuciones repletas de disparos de alto calibre y efectos especiales cercanos a nivel “Terminator”, se desarrolla una historia de humor ácido, que por más que redunde en lugares comunes, aporta una cuota de “argentinidad” y un humor religioso que de a momentos inspira recuerdos de un “Mosca & Smith” respetuoso.

solo-se-vive-una-vez-critica-655

Con todos los ingredientes de una comedia de acción atendidos con finura, “Solo se vive una vez” es una parada obligada para el público adolescente, pero también para el púbico adulto que busca una obra liviana, entretenida y bien realizada, dispuesto a observar buen cine de un género que bastante bastardeado está en nuestro país.

Gerard-Depardieu-Solo-se-vive-una-vez-Empeliculados.co_

Un film redondo ajustado a sus pretensiones, que evidencia, una vez más, el crecimiento del cine de género argentino, sin caer en imitaciones idénticas (como ha sucedido en el pasado), pero sí atendiendo a los requisitos del estilo con ciertos toques publicitarios y estereotipados en su relato que afirman su totalidad.

JULIÁN NASSIF

 

 

YO, DANIEL BLAKE

En una especie de manifestación sobre una realidad social que pareciera tan distante en un país de “primer mundo”, al menos desde la óptica del argentino común, Ken Loach se aproxima a una mixtura entre el falso documental y la ficción cuando relata la vida actual de Daniel Blake, interpretado por Dave Johns, quien llegando a los sesenta años sufre una afección cardíaca que lo aleja de la posibilidad de trabajar quedando en el limbo al enfrentarse con la imposibilidad física laboral y las fuerzas de la burocracia para poder cobrar su pensión por desempleo.

En el afán de poder alcanzar un plato de comida conoce a Katie, interpretada por Hayley Squires, madre soltera de dos niños, quien acaba de arribar a la ciudad y está en una situación de precariedad económica y laboral muy similar a la de Daniel, nada más que con la mitad de su edad.

Intercalando entre el registro documental y, de a momentos, el lenguaje televisivo dado a un extraño o débil montaje, el film intentará de empatar las realidades de sobre expresadas falencias, construyendo la idea de un estado socio económico general dentro de la clase trabajadora y un futuro venidero aún más oscuro, con un Estado hueco que intenta expulsar al ciudadano del sistema más que integrarlo.

Confluyendo en algunos lugares comunes, con ciertos estereotipos y una línea con altibajos a nivel cinematográfico, Ken Loach asegura imprimir una realidad social que muchos tapan y otros creen estar ajenos, dejando en claro que el proceso es global y que la destrucción del Estado, la concentración y la exclusión social son pilares del la nueva estructura del conglomeración de corporaciones multinacionales que suplieron a los Estados Nación.

JULIÁN NASSIF