ESPACIO BAFICI – “GRAND CENTRAL”

 

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El film dirigido por Rebecca Zlotowski retrata la historia de Gary, interpretado por Tahar Rahim (“The Eagle”, “A Prophet”, “Day Of The Falcon”), un joven contratado como descontaminador en una estación nuclear. Viviendo en uno de los famosos “Trailer Parks” de Estados Unidos y Europa conoce algunos de sus compañeros de trabajo que rápidamente tendrán buenas intenciones y lo ayudarán en los pormenores de la vida diaria. Toni, interpretado por Denis Ménochet (“Inglourious Bastards”, “Robin Hood”, “Dans La Maison”), lo ayudará con algún dinero para arrancar y le abrirá las puertas de su casa y su gente (todos compañeros de trabajo). Tan esa así que Gary conoce a la novia, y futura mujer de Toni, Karole, interpretada por la bellísima Léa Seydoux (“La Vida De Adele”, “Inglourious Bastards”, “The Grand Hotel Budapest”, “Sister”, “Medianoche En París”) con la cual tiene un instantáneo enamoramiento, lo cual será el disparador del núcleo narrativo y dramático de esta historia.

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La trama y la subtrama, aunque nunca terminamos de definir cual es cual, se basan por un lado en el trabajo de Gary y sus compañeros, inclusive Karole; un trabajo de un aparente alto riesgo que incluye una exposición a radiación diaria y un contacto cotidiano con el núcleo del reactor y materiales de alta peligrosidad. Un estudio y medición diurno de los niveles de radiación nos mantienen en velo durante todo el film, donde el peligro es latente y si el límite a sido altamente sobrepasado significa el fin del trabajo, y en algunos casos, la muerte.

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Por otro lado, encontramos el triangulo amoroso entre Toni, Gary y Karole, donde los sentimientos de Gary comienzan aflorar y a intensificarse a lo largo del film, también así la tensión entre él y Toni, en momentos donde ya comienza a sospechar de un engaño y, lentamente, atar cabos. Karole pareciera estar en un trance de confusión durante algunos pasajes. En un principio demuestra su amor por Toni, pero el enamoramiento con Gary se vuelve inevitable, así como la cotidianeidad de sus encuentros y el amor florecido que llevarán a un aparente escape.

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Las idas y vueltas entre el triangulo amoroso y el trabajo en la central nuclear junto a su peligro son lo que llevarán adelante esta obra. Nada fuera de lo común en su tratamiento estructural o alguna innovación esotérica en su núcleo narrativo, pero la calidad del relato, tanto a nivel audiovisual como actoral, resaltan constantemente. Un perfecto casting al cual se suman Olivier Gourmet y el argentino Nahuel Pérez Biscayart (“Tatuado”, “El Aura”, “Glue”, “Cerro Bayo”) acompañan una bella y acorde fotografía realizada por Georges Lechaptois que de manera naturalista abarca tanto los espacios naturales exteriores que abundan en el film (en diferentes encuentros amorosos, cenas al aire libre, entradas y viajes al trabajo) como los espacios más cerrados, herméticos y opresivos que están representados a nivel estructural en el reactor pero no a nivel fotográfico, ya que la iluminación suele ser fluorescente y bastante pareja, dando un aspecto pulcro y de prolijidad absoluta. Es llamativa la sensación que nos brinda la dirección de fotografía junto a la de arte realizada por Antoine Platteau, como se contrasta con la situación personal tanto de Gary como la de todos los personajes mostrados, ya que el peligro constante y la exposición diaria a la muerte se vuelven inversamente proporcionales a la perfección estética del edificio.

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El sonido está perfectamente logrado pero, fuera de su calidad técnica, lo que sorprende son algunos pocos elementos narrativos que aportan una inmensidad de tensión a la cuestión dramática de la obra. Cada empleado que ingrese al reactor debe portar una tarjeta que emite un sonido de “bipido” cuando la exposición radioactiva es mayor a lo permitido y está alcanzando los límites. El sonido de esta tarjeta en diferentes situaciones aportan una tensión muy particular compartida con una sirena que denuncia algún accidente sucedido y, según la cantidad de emisiones, determina la gravedad del asunto.

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La relación reactor/amor del film es brillante. Una vez que ya estamos a medio camino encontramos que el peligro a la exposición radioactiva y el peligro de la situación amorosa de Gary y Karole ascienden en conjunto. La situación y peligro laboral en realidad expresan la peligrosidad de las acciones de esta nueva “pareja” donde, cuanto más se ven y encuentros tienen, mayor es el peligro a ser descubiertos. La exposición al elemento mortal es igual a la exposición a un elemento tan peligroso como el amor. La cantidad de simetrías entre las tramas es admirable y condicen a un guión bien escrito con una sólida estructura. Quizás algún elemento de la planta nuclear no es del todo cierta o “real”. La peligrosidad cotidiana parecería ser un poco fuera de la realidad y un tanto extrema, casi un panfleto de algún ecologista, pero se entiende que es con el fin dramático de generar una tensión mayor.

 

JULIÁN NASSIF

 

https://www.youtube.com/watch?v=TO_JOX2vTd4

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