LE CHAMBRE BLEUE (El Cuarto Azul)

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El amor, el engaño y el misterio. Un triangulo amoroso. Una relación fuera de matrimonio. La joven de la escuela que nunca miraba ahora ha crecido. Le resulta atrapante, adictiva, irreparable. Esa habitación, sobre la farmacia del marido de ella. El sexo, la pasión y el placer. El cuarto azul no será el que al principio pensamos es. Lo descubriremos al final, luego de que esta obra recorra el interrogatorio a Julien Gahyde, interpretado por Mathieu Amalric, quien también dirige el film, luego de que un presunto crimen haya ocurrido.

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La tercera en discordia es Esther Despierre, interpretada por Stéphanie Cléau, quien engañará a su marido con Julien, justo en el cuarto que está encima de la Farmacia de la cual su esposo es dueño.

Julien es exitoso, tiene un laburo que le da una importante ganancia económica, un negocio floreciente, una bella y fiel esposa, una hermosa hija. Sin embargo, la relación que consuma por una aparente casualidad con su ex compañera de escuela pareciera serle más fuerte que todo. Su sexo, su piel, su cuerpo. Todo es adictivo. Imposible de dejar atrás.

La película avanza y se adentra en el misterio, en un relato que va evadiendo mostrarnos la verdad y que efectivamente genera aquella incógnita e intriga que busca y que es lo que soporta el film. No sabemos que pasó, si los dos están vinculados, si alguno es realmente culpable.

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Un elemento recurrente es el de una abeja. El exterior invadiendo la inocencia. La abeja se meterá en todos los espacios de la familia de Julien, generando ese nerviosismo y miedo que generan. El susto a que lo piquen. Tal es así que hasta el final del film aquel símbolo o signo se expresará en diversas maneras.

Una evidente inclinación del cine francés a mostrar vaginas de manera explicita, sin quitarle un carácter artístico, se ve plasmado en muchas obras del cine francés. En su historia provocadora, la cinematografía francesa parecería apelar aquellas breves imágenes que de a momentos nos resultan innecesarias. Me pregunto si será por una concepción artística diferente, por nuestro ser pacato o por otra apertura que algunas veces estas imágenes nos chocan, inclusive con un elemento así que eternamente a sido considerado mucho más armónico y bienvenido que la violencia que genera el pene en las artes visuales.

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Un bienvenido respiro dentro de las salas comerciales del país. Un elemento que aporta cierto equilibrio contra tanto pochoclo volador.

JULIÁN NASSIF

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