LAS INESES

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Retomando el tinte costumbrista de comienzos del 2000, particularmente de la “TV Suar”, “Las Ineses” acerca una propuesta que rebota entre un débil humor negro y la irresponsabilidad casi inocente de humor pasatista vacío. La acumulación de gritos y tímidos gags que remiten a “Esperando la carroza” se acumulan uno sobre otro comandados por María Leal quien interpreta a la abuela de una de las dos Ineses.

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En un pueblo de algún lugar de la Argentina viven dos familias que se apellidan igual: García. Ambas mujeres, Carmen y Rosa, interpretadas por Brenda Gandini y Valentina Bassi están a punto de parir. El mismo día y exactamente al mismo tiempo tienen a sus bebes. Carmen y Pedro (Luciano Cáceres) son dos “gringos” campechanos que nos hacen acordar al “tajai” de Massa para su candidatura presidencial. Rosa y el negro Ramón (André Ramiro) viven en la casa contigua. El bebé de Carmen es morocho, “marrón”, como se anima a decir una de sus hijas. El de Rosa es bien gringuito. “Algo está mal” piensas ambos padres. El médico alcohólico se equivocó. Borracho y todo el médico muere. Ya no sabremos si fue un cambio de bebés por error o si realmente son sus hijos.

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Dominga (María Leal) constantemente recordará al racista que todos los argentinos tenemos dentro e intentará conectar con ciertos guiños y “chistes” con nuestro humor étnico. Una y otra vez. Caerá en todos los estereotipos de abuela católica posibles y será el hilo conductor humorístico de una obra que no se aleja para nada de las producciones televisivas.

La puesta de cámara, el diseño sonoro y la dirección de arte no van a proponer nada que se aleje de lo funcional e intentarán retratar los años ochenta con un Ford Falcon azul y una radio “vintage” sobre la mesada de una cocina. No hay una búsqueda expresiva desde la puesta ni ningún tipo de aporte dramático desde el diseño sonoro que se queda únicamente con lo que tiene que sonar y el ABC televisivo

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Pablo José Mesa pareciera no animarse a tirarse a la pileta con un humor negro punzante y filoso que rompa las estructuras y se haga cargo de una visión controversial y “picante” sobre los temas que abarca. Se queda a mitad de camino entre el humor negro y el chiste livianito utilizando temáticas bastante complicadas como puede ser el cambio de bebés en un país con la historia de la Argentina.

Bienvenido hubiera sido que fuera pujante y audaz, sugiriendo un humor sin límites sobre temáticas tan controvertidas políticamente incorrectas. Pero pareciera que la timidez ganó y conformó con un par de caras bonitas y unas interpretaciones muy escuetas y superficiales que solo se ven salvadas por las de los niños que tanto se lucen en el film.

Julián Nassif   

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