T2 TRAINSPOTTING

original-1Una película innecesaria.

20 años han pasado del estreno de Trainspotting (casi 21 en realidad) y ese tiempo también pasó para los protagonistas, los cuales, por suerte, están interpretados por los mismos actores que en la original.

En tal lapso muchísimas cosas pueden pasar en la vida de una persona, lo llamativo (o no) es que prácticamente nada ha cambiado en la de aquellos cuatro amigos. Quizás ahí es donde uno puede encontrar una excusa de porque realizar una tan peligrosa secuela a un film brillante como lo había sido el de 1996. 

Trainspotting no solo se había metido con el mundo de las drogas, particularmente una de las más polémicas de todas como lo es la heroína, de forma innovadora e interesante, sino que había planteado una vuelta de tuerca visual y auditiva, con una banda sonora espectacular (tanto que se editaron dos volúmenes de la misma en CD) y un diseño sonoro de los más cuidados y elaborados en su género, aportando una cuota dramática y narrativa sustancial.

Si tantas cosas habían salido bien… ¿¡para que hacer una segunda parte!? Y aquí es donde la incógnita y la incertidumbre entusiasmaba. Porque uno está acostumbrado a que el 90 por ciento de las segundas partes son paupérrimas pero mantiene el hilo de esperanza de que algo magistral pueda suceder.

Bueno, Danny Boyle se encargó de cortar ese hilo con una moto sierra y así manchar su obra maestra noventosa. Trainspotting 2 destruye absolutamente todo lo que su predecesora había construido. Inflama al espectador brindando un show de gags con personajes caricaturizados llevados a un nivel de saturación absurda que envenena.

Caída completamente en una especie de gigantesco video clip (la anterior justamente lo evitaba aún con su gran contenido musical), el realizador aburre y contamina con sus sobrecargados planos desequilibrados, su iluminación publicitaria y unas fugas que ridiculizan lo que sucede.

En pequeñas ocasiones el film parece remontar brevemente, cuando apela a la nostalgia juvenil y a los grandes tiempos del pasado, pero rápidamente es arrastrado a lo que se termina convirtiendo. Una especie de Thriller que intenta aportar cierta vertiginosidad (que Boyle tan bien había logrado en TRANCE) pero recae en el aburrimiento y en una satirización de los personajes.

Begbie, uno de los personajes que más me atrapaba de la original entrega, termina rebotando en estereotipos e implotando en un final slasher donde se convierte más en el asesino Jason de “Viernes 13” que en el alcohólico violento que instruía sobre el mal de las drogas a sus amigos yonkis.

El “Choose Life” que Renton actualiza y vuelve denuncia parece una crítica a sí mismo porque el terminó siendo eso que criticaba, pero termina siendo el comentario cool del aburguesado que grita en su living al televisor mientras hace todo lo que critica en las redes sociales.

Ya NO hay análisis. Recae en casi todos los momentos comunes y apela a pietaje de la original para tocar algún nervio y emocionar al espectador. Esa nostalgia no es solo la que tienen los personajes sino que pareciera ser un grito del realizador por lo que pudo hacer en algún momento de su brillante carrera y lo que entregó esta vez, que es una película realizada a manotazos que aparenta ser una conjunción de los típicos recursos del autor careciendo completamente de identidad.

La única identificación que el film contiene es la que el espectador le aporta desde sus recuerdos. Quien vea también va a sentir nostalgia, porque no va a poder creer que hicieron con sus personajes ni que intentaron hacer con una obra que se basa en el libro “Porno” de Irvine Welsh.

Frente a tanta producción sin sentido pareciera que lo único que resalta es el cover de The Prodigy de “Lust For Life”, un remix llamado “Slow Slippy” de “Born Slippy” de Underworld (canción que hizo mundialmente famosa a la película, a la banda y que fue arruinada con ganas por una cerveza nacional) y una mayor referencia ferroviaria a lo cual la película hace mella con su nombre.

Cuidado! Pareciera que se abrió la caja de pandora del consumo, donde esta secuela habilita hacer mil spin off’s, series y capítulos para consumir en Netflix mientras ponemos “like” en todas las redes sociales que tanto criticamos y envidiamos a todos los que la pasan mejor que nosotros.

JULIÁN NASSIF

 

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