SOLO SE VIVE UNA VEZ

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“Que es lo mejor que podés ver cuando vas al cine? Acción, adrenalina, explosiones” le decía Leonardo Sbaraglia al personaje de Gastón Pauls en “Días de Vinilo” frente a la convocatoria para desarrollar un personaje en una película “bien dramática”. Rusos, terroristas, narcotraficantes y explosiones nucleares era lo que Leonardo Sbaraglia alegaba para un buen film.

Aquello parece haber escuchado Federico Cueva quien demuestra un talento pocas veces visto (si es que alguna vez se vio en el país) al realizar “Solo se vive una vez”. Seguramente, muchos de los grande sabios de la cinematografía mundial y los conocedores del “buen cine” y el mal llamado “Cine arte” despotricarán por este film y el éxito que tiene (o que debería tener), pero la realidad es que a lo que apunta lo supera con creces.

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Con un elenco que danza entre lo bizarro y el cine “teen”, mezclando a Peter Lanzani, Pablo Rago, Darío Lopilato, Brandoni, Santiago Segura y hasta Gerard Depardieu(!), “Solo se vive una vez” logra un thriller de una calidad en su realización prácticamente incomparable a nivel latinoamericano. Con cantidad de autos que explotan (sí, estos explotan de en serio, no como en los tanques hollywoodenses que ya todo esta hecho en animaciones de dudosa calidad), persecuciones repletas de disparos de alto calibre y efectos especiales cercanos a nivel “Terminator”, se desarrolla una historia de humor ácido, que por más que redunde en lugares comunes, aporta una cuota de “argentinidad” y un humor religioso que de a momentos inspira recuerdos de un “Mosca & Smith” respetuoso.

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Con todos los ingredientes de una comedia de acción atendidos con finura, “Solo se vive una vez” es una parada obligada para el público adolescente, pero también para el púbico adulto que busca una obra liviana, entretenida y bien realizada, dispuesto a observar buen cine de un género que bastante bastardeado está en nuestro país.

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Un film redondo ajustado a sus pretensiones, que evidencia, una vez más, el crecimiento del cine de género argentino, sin caer en imitaciones idénticas (como ha sucedido en el pasado), pero sí atendiendo a los requisitos del estilo con ciertos toques publicitarios y estereotipados en su relato que afirman su totalidad.

JULIÁN NASSIF

 

 

YO, DANIEL BLAKE

En una especie de manifestación sobre una realidad social que pareciera tan distante en un país de “primer mundo”, al menos desde la óptica del argentino común, Ken Loach se aproxima a una mixtura entre el falso documental y la ficción cuando relata la vida actual de Daniel Blake, interpretado por Dave Johns, quien llegando a los sesenta años sufre una afección cardíaca que lo aleja de la posibilidad de trabajar quedando en el limbo al enfrentarse con la imposibilidad física laboral y las fuerzas de la burocracia para poder cobrar su pensión por desempleo.

En el afán de poder alcanzar un plato de comida conoce a Katie, interpretada por Hayley Squires, madre soltera de dos niños, quien acaba de arribar a la ciudad y está en una situación de precariedad económica y laboral muy similar a la de Daniel, nada más que con la mitad de su edad.

Intercalando entre el registro documental y, de a momentos, el lenguaje televisivo dado a un extraño o débil montaje, el film intentará de empatar las realidades de sobre expresadas falencias, construyendo la idea de un estado socio económico general dentro de la clase trabajadora y un futuro venidero aún más oscuro, con un Estado hueco que intenta expulsar al ciudadano del sistema más que integrarlo.

Confluyendo en algunos lugares comunes, con ciertos estereotipos y una línea con altibajos a nivel cinematográfico, Ken Loach asegura imprimir una realidad social que muchos tapan y otros creen estar ajenos, dejando en claro que el proceso es global y que la destrucción del Estado, la concentración y la exclusión social son pilares del la nueva estructura del conglomeración de corporaciones multinacionales que suplieron a los Estados Nación.

JULIÁN NASSIF

 

ALIEN COVENANT

Algo extraño suele sucederme cuando reflexiono sobre el género de ciencia ficción. Por momentos, con Villenueve o Nolan, estallo en alegría, fascinación y admiración al ver tremendas obras de parte de aquellos dos y algún que otro realizador. En otros momentos, salgo del cine con la sensación de que el género murió o está agonizando, inclusive cuando el realizador hizo algo muy interesante hace poco tiempo como lo fue Ridley Scott con “The Martian”.

Seguramente suceda, también, que cierto cariño con algunas sagas me haga ver algunos films de maneras muy poco objetivas, si es que en alguna instancia uno puede apelar a la objetividad frente al arte.

Como con muy pocas películas este año, tenía grandes esperanzas o expectativas con el estreno de una nueva entrega de una de esas sagas que tanto admiro. Frente aquello, sabía que el resultado podía ser desalentador y que el tiro podía salir por la culata… y así lo fue. “Alien Covenant” se convierte en un film absolutamente innecesario que pareciera responder más a la necesidad del adicto, que para saciar su adicción puede consumir hasta lo más precario en momentos de urgencia, que a la vocación artística por entregar una continuidad valerosa que pueda cumplir con ciertas expectativas.

No puedo imaginar lo que sintieron las personas que tuvieron la suerte de poder volver a ver “Alien: El Octavo Pasajero” la noche del miércoles en pantalla gigante al encontrarse con la sexta entrega de la saga. Decepcionante como milanesa de cartón, Ridley Scott realiza una película entera que nadie va a disfrutar mirar. Pareciera que lo único original y con la huella de quien supo hacer gran cine del género es la primer escena del film, que uno automáticamente asocia con “Blade Runner”, dado su tratamiento y característica estética. En aquellos primeros minutos, las mariposas llenan la barriga del espectador imaginando que consumirá algo realmente revelador.

Engañosa cual cocaína cortada con jabón en polvo, toda decae desde aquel final de escena. La película conglomera todas las escenas de acción posible en un argumento que pareciera carecer de contenido para ser solo una explicación ligera entre “Prometeo” y “Alien”. Una seguidilla de secuencias de acción que solo inmutan en una batalla entre una grúa y uno de estos temerarios bichos.

Molesto debe estar en su descanso eterno H.R. Giger al observar para que ha vuelto a ser utilizada una de sus obras icónicas. Rebalsada de animaciones de dudosa calidad, esta obra ejemplifica, junto a tantas otras, la falencia de algunos autores al querer resolver todo en post producción y no dedicarse a utilizar y desarrollar aquellos efectivos y bellos, muñecos, robots y maquetas.

Si “Alien, el octavo pasajero” era una obra maestra del cine de suspenso dada la utilización de la puesta de cámara que generaba una tensión sin mostrar prácticamente nada, aquí sucede lo inverso, develando hasta el hartazgo a una variedad de ejemplares de Aliens que decepcionan en cada una de sus apariciones.

Ni siquiera Michael Fassbender logra salvar esta película, al cual yo le aportaba varios porotos, que se convirtió en una mezcla absurda de Star Wars, Terminator y vaya a saber que, volviendo a intentar convencer que una pelea entre androides, que no sean Arnold Schwarzenegger, vale la pena.

De a pasajes pareciera llegar a rozar lo que pudo lograr en alguna de sus entregas previas e ilusiona, pero rápidamente caemos en la realidad de que son dos horas y cinco minutos que no nos van aportar nada más que efectos especiales digitales berretas, un par de tiros y una pelea entre robots un tanto obvia. Los elementos que intenta dejar “abiertos” o con los que quiere generar cierto suspenso son demasiado obvios y predecibles y algunas cuestiones técnicas de iluminación no se terminan de entender quedando entremedio de algo artístico y una falencia de representación.

Lamentablemente, el film no logra estar a la altura y aburre. Con la mejor predisposición uno sentirá que ha sido estafado sin encontrar de donde prenderse ni adonde esto está queriendo ir, si es que busca ser algo más que una pelea intergaláctica.

JULIÁN NASSIF

BEFORE I FALL (Si no despierto)

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¿Existía alguna necesidad de repetir la idea neurálgica de “Groundhog Day”? ¿Habría alguna razón imprescindible para reflotar un relato así de icónico y de un material que está impreso en el inconsciente colectivo de toda persona de más de 25 años? Y si uno respondiese que sí, ¿alguien más podría concebir el simple hecho de cometer tal “sacrilegio” y encima realizarlo en un ambiente teen super cheto de millonarios estereotipados en algún pintoresco lugar de “yanquilandia”?

Si puedes responder que sí entonces debes pertenecer algún departamento que creó esta aberración de pseudo película llamada “Before I Fall”. Un relato que abunda en trillados y asquerosos estereotipos de las típicas películas adolescentes norteamericanas que destruye, destroza e indigna a tan relevante obra cinematográfica como lo es “Groundhog Day”.

Cada personaje se vuelve detestable y absolutamente estúpido en un grupo de pibas que perfectamente podrían haber salido del Newman en La Horqueta, regodeándose en su propia inmundicia millonaria y en tales superficiales traumas que hacen ver toda la temática tan profunda del bullying como un caprichito de infante que no fue abrazado lo suficiente.

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Los únicos momentos de disfrute de tal abominable bodrio son cuando no hay ninguna participación de los realizadores ni de los protagonistas que es al develar lo bello del paisaje que contiene este cuento de adolescente del Alto Palermo, acompañado de algún que otro lapso musical que intenta sostener una puesta de cámara absolutamente funcional solamente apoyada de cierto talento en algunas pocas interpretaciones que se ahogan en un guión y un tratamiento tan pueril.

Ry Russo-Young debería haber pensado varias veces antes de meterse a realizar una moraleja tan ordinaria de la vida que resulta insoportable, al punto de querer quitarse los ojos al observar los lugares comunes en los que cae al intentar decir que “hay que aprovechar cada instante de la vida” mirando las gotas caer de las hojas de los árboles expresando el suspiro de la belleza natural en un gesto de teatro de máscaras.

Una obra que parece más una herramienta de invasión cultural estadounidense intentando atravesar lo más estúpido de nuestra sociedad, la cual debería proyectarse en los shoppings para ser más efectiva. Es hora de empezar a poner en las películas que invaden nuestro mercado un cartel de calificación al lado del etario que advierta el nivel de superficialidad y estupidez del contenido así uno evita la tentación de auto flagelarse al observar tremebunda porquería.

JULIÁN NASSIF  

EL CANDIDATO

Embebida de influencias del mejor cine independiente, con elementos bastante utilizados en el cine oriental (particularmente en cierto cine coreano) combinado con ciertos toques que parecieran ser inspirados del gran Hitchcock, Daniel Hendler construye una puesta de cámara que se aleja un tanto de lo que suele ser la “identidad” estética del cine rioplatense para conjugar una combinación de estilos y formas técnicas que sí se ven apoyadas en elementos de la idiosincrasia ribereña.

En el tono y el tratamiento del film se evidencia constantemente la presencia de su director, del cual uno puede recordar sus gestos y formas como actor expresadas en la puesta y dirección de actores. Hay algo de esa ironía y de ese humor que Hendler tan bien imprime en sus interpretaciones que aparece retratado en toda la obra.

Desde una construcción muy elaborada y expresiva de los movimientos de cámara y una justeza en las interpretaciones, “El Candidato” abarca la construcción de un candidato político frente a unas elecciones. El hijo de lo que parecería un mega empresario multimillonario decide cortarse solo y armar su candidatura por su lado, para lo que convoca a un grupo de diseñadores, publicistas, músicos y realizadores audiovisuales un fin de semana en un gigantesco casco de estancia para realizar su spot de campaña que lo lance a la candidatura.

En la construcción de aquel producto audiovisual encontramos una descripción un tanto irónica y crítica de como se construyen las figuras políticas hoy día y de la falta total de un bagaje político y social en la formación de un candidato, donde la utilización de alguna frase con gancho, ciertos gestos a cámara y una imagen acorde a los estudios de focus groups, ganan elecciones. Algo que es tan similar a la realidad actual de países como Argentina y Estados Unidos que pareciera haber sido escrito post 2015, por más que el propio autor plantee que es algo con lo que viene trabajando hace tiempo.

La toma del poder por empresarios inescrupulosos que no tienen ningún tipo de experiencia en política, menos aún consciencia social, es lo que la película indirectamente relata, proyectando una sumatoria de inquietudes y preocupaciones por la manipulación mediática de las personas y la invitación al voto con campañas publicitarias basadas en elementos desarrollados por “Coachs” que parecen salidos del programa de Tinelli pero que tanto éxito tienen en las elecciones de diversos pueblos alrededor del globo que parecen preferir a estos pseudos participantes de Stand Up.

JULIÁN NASSIF

YALLAH YALLAH! – ESPACIO BAFICI 19 – COMPETENCIA OFICIAL DERECHOS HUMANOS

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Ayer no mas escribí una reseña en la cual cuestionaba el poco compromiso político que se encontraba en el contenido del BAFICI. Hoy debo decir que o esta es la excepción a la regla o que estaba equivocado. Escribo esto no porque “Yallah Yallah!” de Fernando Romanazzo y Cristian Pirovano sea un film combativo en defender una causa ni que sea abruptamente comprometido, sino porque aquí si se ve un contenido donde se manifiesta una posición y un punto de vista claro.

Más sorprende aún que el “bando” elegido, si es que alguien cree que este conflicto es una lucha entre “bandos” y gente que “piensa distinto”, se el del palestino y no el del israelí sionista que tanta influencia tiene en la industria cinematográfica a nivel mundial. Es por eso que el film refresca un poco las pantallas del BAFICI, o mejor dicho las calienta y las compromete.

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Aquí los autores han encontrado la forma de relatar en lo cotidiano la opresión hacia el pueblo palestino y el flagelo que día a día deben soportar por parte de la ocupación del territorio por el ejercito de Israel a través de la Selección Nacional de fútbol de Palestina y algunos de sus clubes.

El día a día de estos jugadores, la persecución por parte del estado israelí y el encierro que aquel genera desde hace décadas sobre el pueblo de Palestina es demostrado a través de las interminables trabas que tienen que sortear los jugadores y cuerpo técnico para poder entrenar y viajar para jugar partidos oficiales.

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Sin caer en el golpe bajo y prácticamente haciendo omisión a la violencia, excepto en alguna que otra imagen y en la violencia implícita de lo que se relata, los autores encontraron una forma más “sutil” y “gentil” de ahondar un tema tan profundo y complejo como el de Israel/Palestina.

Pareciendo pertenecer más al Festival DOC Buenos Aires, “Yallah Yallah!” propone algo de compromiso socio político con una mirada atractiva para todos.

JULIÁN NASSIF    

CARROÑA – ESPACIO BAFICI 19 – COMPETENCIA OFICIAL LATINOAMERICANA

Unas paradisíacas playas mejicanas son el escenario de la erupción de los conflictos amorosos de una pareja que aparenta haber elegido aquella excursión en búsqueda de salvar su compromiso.

Pero en aquella costa no hay solamente arenas blancas, aguas cálidas y turquesas sino también tentaciones, miedos, inseguridades y celos. Y allí es donde aparece el tercero en discordia, un joven surfer morocho que llevará hasta el punto de ebullición las ya caldeadas aguas del amor de esta pareja.

El paraíso nunca es tan perfecto como parece y, para algunos, solo existe en el cielo después de la muerte física, por lo que el infierno se ha hecho camino para llegar y en forma de una tensión sexual abismal se manifiesta para acrecentar las rispidez entre las partes.

Con una puesta de cámara apuntalada en la luz natural, Sebastián Hiriart logra con tomas cenitales aéreas logradas bajo el buen uso de la tecnología y retratos especuladores pero pacientes y expectantes una tensión que se va acrecentando minuto a minuto y que, apoyada en precisas interpretaciones, desata la idea y la simetría de la tormenta natural que se avecina con lo turbulento de aquellos tiempos amorosos para aquella joven pareja.

El contraste entre los dos hombres de este triangulo amoroso y de la belleza de aquellas playas con los perturbadores pensamientos de los protagonistas, logran un excelente contrapunto que solo nos dará aire, si es que lo hace, una vez finalizado el film.

Una redonda realización que aporta algún tipo de descompresión absorta estética que a veces se genera en la seguidilla de films de este festival.

JULIÁN NASSIF

 

NEWTON – ESPACIO BAFICI 19 – COMPETENCIA OFICIAL INTERNACIONAL

Newton Kumar, interpretado por Rajkummar Rao, es un empleado del gobierno que decide participar del proceso electoral más importante de India: la democracia más grande del mundo con más de 800 millones de votantes y 9 millones de cuartos oscuros para realizar el sufragio secreto y universal.

Burlado inocentemente por su apellido, cabe destacar que él mismo se lo cambió para que fuera igual al de Isaac Newton, uno de los padres de la física y el redactor de la Ley de la gravitación universal (la cual es nombrada en el film como la ley que cambió todo a nivel social: permitió demostrar que siendo rey o plebeyo hay ciertas reglas de la naturaleza a las cuales no se puede escapar, funcionando aquella fuerza como la que iguala y equipara a todos los seres) es elegido del panel de reserva para asistir y hacer cumplir el proceso electoral en un pequeño pueblo en la jungla del centro de India.

Allí deberán mantenerse a salvo de las “guerrillas maoístas” que azotan a los “líderes” de la democracia intentando desmantelar la misma con diferentes ataques a la vida de aquellos y con intervenciones en los procesos democráticos. Para ello, Newton y los tres compañeros de mesa irán acompañados por un grupo de las fuerzas armadas indias, que formarán un papel clave en esta comedia con tinte de denuncia política superficial.

Entre una bellísima y cuidada fotografía, con interpretaciones muy ajustadas y eficientes, en locaciones admirables de un país que tanto llama la atención e invita, el conflicto que me generó este film al verlo es la sensación de la falta total de compromiso político que el BAFICI cada vez más sugiere. Seguramente haya películas y materiales que no he tenido la suerte de ver que ahondan un poco más lo que es la crítica y la toma de posición a nivel político, pero en los últimos años me despierta la idea de que está acentuado un particular interés por no seleccionar obras de mayor impacto, reminiscencia y compromiso político.

Las únicas huellas de algún rasgo de ese estilo que he encontrado en (al menos) las dos últimas ediciones es sobre material que corresponde a la década del sesenta y el principio de los setentas y, por lo general, tiene una visión crítica y superficial con tintes publicitarios que desacreditan a todos aquellos movimientos socio políticos tan combativos y revolucionarios.

No hay que pensar demasiado para que atemos dos cabos y nos demos cuenta que en la ciudad de la política de la “no política” no podía haber un festival tan masivo de cine independiente y que encima fuera combativo. Pero me genera cierto resquemor pensar que hubo otras ediciones en el pasado profundo que sí planteaban un tinte más comprometido. También cabe destacar que la mayoría de la industria cinematográfica suele ser bastante poco militante y se involucra menos que poco en este tipo de cuestiones, alegando a su condición de artistas y no de factores políticos y/o figuras representativas.

Aclarando todo aquello, lo que quizás deja gusto a poco es que se haya elegido una forma tan “para todos” de denunciar la oscuridad de la democracia india en aquellos sectores más remotos, al utilizar un lenguaje cinematográfico Apto Para Todos los Públicos, acentuando en dosis constantes de un humor efectivo y necesario pero que, de a momentos, roza lo infantil.

O quizás estoy completamente equivocado y la película utiliza todos esos elementos para en realidad muy por debajo levantar una bandera que se ríe de lo absurdo de la burocracia, las falencias del estado democratizado y enaltece la lucha armada comunista. Se podría llegar a ver de esa forma si uno le da muchas vueltas y tiene muchas ganas.

Una película que nos acerca a “cierta” realidad india y que nos abre una pequeña ventana para poder admirar una vez más tan pintoresco país.

JULIÁN NASSIF 

“NIÑATO” – ESPACIO BAFICI 19 – COMPETENCIA OFICIAL INTERNACIONAL

Muchas veces en las artes, en este caso en el cine, las personas creen que su historia es interesante o que a alguien le importa una historia cercana a ellos o personal solo por el hecho de que a ellos les resulta relevante. La realidad, de alguna forma u otra, es que las historias tienen que tener algún que otro ingrediente que las haga “atractivas”. Esto no significa tener la formula hollywoodense ni tener que respetar siempre cierta  estructura o elementos, pero sí desarrollarlas, al menos, de forma que a alguna otra persona le resulte empático aquello que está viendo. Sino, cada uno haría películas para uno mismo y las vería encerrado en su casa, nunca las presentaría a concurso o festivales.

El BAFICI a veces resulta nuclear muchas de estas historias de personas con el grado de soberbia justa como para pensar que lo que cuentan es magistral, por más que el contenido luego no le interese a nadie realmente, por más que mucho del público que rejunta este (y otros) festival va aplaudir a ojos cerrados sin importar lo que vea por el solo hecho de pertenecer a tal mundo snob.

Pero también el BAFICI reúne obras maestras y películas bellísimas, por lo que siempre se genera esta sabor agridulce entre muchos de los espectadores que no son de “ese” ambiente. He discutido infinidad de veces sobre la calidad y la necesidad del BAFICI y sobre las cosas increíbles y maravillosas que he visto a lo largo de todos los años de su existencia. Si, también he puteado bastante.  Es ese gusto mágico de la contradicción el que tanto me atrae.

En este caso, “Niñato” representa al sabor amargo. Es una película que pareciera no tener razón de ser mas que mostrar la vida de un MC under que tiene que equilibrar su vida entre fumar porro y criar a tres niños. Eternas escenas sobre como los niños se despiertan, se visten y los berrinches que van sufriendo, momentos muertos donde nada se está contando realmente. Insistencia en elementos que hacen al personaje principal aún menos cercano y una forma de vida que, de a varios momentos, genera indignación.

Uno entiende que cada persona debería seguir sus sueños y luchar por ellos. Pero lo que se ve en este film, además del fastidio que me generó hacerlo, es que la cámara pareciera estar tan perdida como el personaje principal. No hay meta, finalidad, lugar a donde llegar. No hay nada. Más que momentos tiernos de los niños que nos sacan varias sonrisas, el personaje tan inmaduro del protagonista agota con su eterna apatía, y ni siquiera la representación de sus propios conflictos en los niños que cría ayuda a encontrarle un “por que?” a esta película.

Algunas de estas piezas que de forma inentendible terminan formando parte de la Competencia Oficial Internacional del BAFICI 19 y en competencias de varios otros festivales.

JULIÁN NASSIF

HOY PARTIDO A LAS 3 – BAFICI 19 – COMPETENCIA OFICIAL INTERNACIONAL

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Recorriendo los rostros, cuerpos y entornos de las jugadoras de fútbol amateur de un pueblo del interior de la Argentina, Clarisa Navas realiza un film híbrido que coquetea entre el documental y la ficción con impronta feminista, retratando la lucha de todos los días de las mujeres para lograr la igualdad en lugares tan recónditos y retrogradas como el Fútbol y el interior profundo de nuestro país.

Un torneo de fútbol interbarrial e interprovincial modesto figura como simetría para demostrar y descubrir el poder y la energía de estas jóvenes para enfrentarse a la adversidad, donde a lo largo del film sobrepasan infinidad de obstáculos construyendo una fuerza conjunta de voluntad y lucha.

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La calidez y calidad con la que la directora avanza sobre esta historia, y la simpatía que genera en todo lo largo de su duración, acercan al espectador a un ámbito que para alguno puede ser lejano transformándolo en algo absolutamente tangible, transmitido con tal elocuencia y con interpretaciones tan dulces y potentes que dejan ver la relación de realidad personal de cada interprete con la instrucción de la realizadora.

Hay algo tan bello en esta construcción de Navas que logra generar una empatia y una simpatía con el espectador que, me animo a decir, atraviesa a todo tipo de pensamiento y/o conservadurismo pacato, logrando una sensación de tal hermosura en los lazos humanos descriptos, logrando competir y vencer a la denuncia (quizás un tanto superficial) sobre la politiquería berreta y ordinaria a la que estamos tan acostumbrados alrededor del globo.

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Quizás con algún problema para cerrar la historia y momentos que asoman a tiempos muertos innecesarios en un film con un ritmo y una dinámica veloz, la obra abarca algo muy pocas veces ahondado, como lo es el fútbol femenino amateur barrial, e introduce una puesta que logra una forma particular de admirar ese deporte, y que profundiza y concentra en los vínculos sentimentales, los primeros amores, infidelidades y la amistad, en un cariñoso juego que se da mucho más fuera de la cancha que en ella.

JULIÁN NASSIF